Habitar bajo el silencio de un
Monasterio
benedictino
Agradecemos...
Hay lugares que se visitan, y otros que se quedan totalmente en el alma: El Monasterio Santa María de la Epifanía fue, para nosotras, mucho más que el escenario y el trabajo de un reportaje: fue una experiencia y refugio de humanidad, silencio, paz y sobre todo esperanza. Fue, además, una lección que nos abrió los ojos.
A todos los monjes, gracias por abrirnos las puertas de su hogar y de su vida con una disposición tan sincera, cálida y auténtica. Gracias por regalarnos su tiempo, por permitirnos caminar entre sus historias y mostrarnos, desde una sencillez, formas distintas de habitar el mundo, a través de una vocación totalmente férrea. Lo vivido allí permanecerá como un aprendizaje de vida.

JORGE
A Jorge Iván Rendón, nuestro agradecimiento infinito. Más que un guía, fue una luz constante en esta experiencia. Con su humildad, serenidad y nobleza en cada gesto, en cada palabra, nos permitió acercarnos no solo a la vida monástica, sino también a la profundidad de una historia personal desbordante de vida. Su dedicación hizo posible este trabajo y convirtió cada conversación en un encuentro humano imposible de olvidar. Un hombre ejemplar.

MONJES
Agradecemos también a Eider y a Cristian, quienes, a pesar de la timidez, estuvieron siempre dispuestos a narrarnos sus experiencias y responder cada una de nuestras inquietudes con sinceridad y amabilidad.
CARLOS
Gracias al historiador Carlos Alberto Uribe, por abrirnos las puertas del pasado con su vasto conocimiento. Sus valiosos relatos, datos históricos y orientaciones, nos ayudaron a construir una base sólida para nuestro trabajo y a comprender con mayor profundidad aquello que investigamos.Su disposición constante, su paciencia al responder cada inquietud y su pasión por compartir la historia hicieron de su acompañamiento una guía invaluable.

JUAN GONZALO
Un agradecimiento especial al profesor Juan Gonzalo Betancur, quien nos asesoró y motivó constantemente durante la realización de este trabajo. Su exigencia, orientación y apoyo fueron una luz y un motor fundamental para sacar adelante este proyecto.

Finalmente, agradecemos en general al Monasterio Santa María de la Epifanía por brindarnos no solo su espacio y su tiempo, sino también su hospitalidad, su comida y la esperanza que transmiten a través de su forma de vida.